Puntos clave
- Los precios del oro han bajado de sus máximos históricos alcanzados en el contexto de la guerra con Irán, aunque los factores estructurales que los impulsaron hasta ese nivel siguen vigentes.
- Las compras de los bancos centrales se han convertido en uno de los principales motores de la demanda, impulsadas por el aumento de la deuda pública, la diversificación de las reservas y la preocupación por posibles sanciones.
- El atractivo de un activo sin riesgo de contraparte ha aumentado a medida que se debilita la confianza entre las naciones.
Aunque el precio del oro ha bajado este año, hay factores estructurales que siguen respaldándolo y que podrían hacer que volviera a superar los 5.000 dólares estadounidenses a finales de año.
Los precios del oro han caído más de un 20 % desde el máximo histórico alcanzado en enero, pero siguen siendo un 25 % más altos que hace un año. Esto allana el terreno para que 2026 sea uno de los años más volátiles de la historia para este activo, justo cuando sus relaciones históricas con los tipos de interés y el riesgo se están invirtiendo.
El oro ha experimentado una fuerte caída desde que la guerra en Irán provocó cuellos de botella en el suministro energético que han afectado gravemente a la economía mundial, un contexto que normalmente favorece los precios de los activos refugio.
«Esta caída refleja los ajustes en las posiciones de los inversores, que han vendido oro para disponer de margen para otras clases de activos», afirma Peter Kinsella, director de servicios de inversión para el Reino Unido en Union Bancaire Privée.
Por otra parte, los datos sobre los flujos y las compras de los bancos centrales indican que siguen vigentes dos factores estructurales que respaldan el precio del oro.
La demanda de los bancos centrales seguirá respaldando el precio
Durante gran parte de las dos últimas décadas, la evolución del oro podía explicarse en gran medida mediante una sola variable: los tipos de interés reales, es decir, ajustados a la inflación. Cuando los rendimientos ajustados a la inflación subían, el oro solía debilitarse. Cuando bajaban, el oro se recuperaba.
«Esta relación se ha deteriorado considerablemente desde 2022», afirma Stephen Coltman, director de macroeconomía de 21Shares. Según él, el punto de inflexión fueron las medidas adoptadas tras la invasión de Ucrania por parte de Rusia. «Parece que la congelación de las reservas de divisas de Rusia provocó un aumento de la demanda por parte de los bancos centrales de activos que no pudieran ser objeto de sanciones, como las reservas de oro físico».
Kinsella sostiene además que las sanciones impuestas a Rusia han alterado de manera fundamental la forma en que muchos bancos centrales de mercados emergentes evalúan la gestión de sus reservas. «Alrededor del 80 % del total de las reservas de divisas del mundo están en manos de bancos centrales de mercados emergentes», afirma. «Se dieron cuenta de que, si tenían un desacuerdo político con Estados Unidos, corrían el riesgo de que se les confiscaran sus activos».
El resultado ha sido una oleada de compras por parte de los bancos centrales que muchos analistas consideran una de las fuerzas determinantes del alza del oro. Según las nuevas estimaciones del Banco Central Europeo, el oro ha superado a los bonos del Tesoro de EE. UU. en la composición de las reservas de los bancos centrales a nivel mundial, lo que confirma un cambio notable en la composición de las reservas. El informe de junio del BCE indica que el oro representaba el 27 % del total de las reservas oficiales mundiales a finales de 2025, por encima de los bonos del Tesoro de EE. UU., con un 22 %, y del euro, con un 15 %.
El atractivo del oro en este contexto es evidente. A diferencia de los bonos soberanos o las reservas de divisas, el oro físico no conlleva ningún riesgo de contraparte. A medida que la confianza entre las naciones se vuelve más frágil, esa característica cobra cada vez más valor.
El otro factor favorable para el oro: la demanda de los inversores particulares
La historia del oro no se limita únicamente a los bancos centrales. Los inversores particulares también han vuelto al mercado, aunque por motivos algo distintos. Según Kinsella, de UBP, gran parte del repunte registrado desde finales de 2025 se debió a las compras de ETF, productos de oro físico e incluso activos digitales respaldados por oro.
Coltman, de 21Shares, considera que detrás de esta tendencia se esconde un cambio social y económico más amplio. «Existe un malestar creciente y una toma de conciencia cada vez mayor entre el público en general de que las finanzas públicas siguen una trayectoria insostenible», afirma. «Es probable que esto dé lugar, con el tiempo, a una depreciación de las monedas, un aumento de la inflación y una subida de los tipos de interés».
«Los inversores particulares japoneses, por ejemplo, han visto cómo su moneda se devaluaba drásticamente en los últimos cinco años, a medida que el Gobierno intentaba reducir la carga de la deuda mediante la inflación, y la demanda de oro en Japón ha sido, como es lógico, muy fuerte, ya que ofrece a los inversores particulares japoneses una forma de intentar preservar el poder adquisitivo de sus ahorros», añade Coltman.
Según el Consejo Mundial del Oro, la demanda mundial de lingotes y monedas se ha mantenido sólida, con un aumento interanual del 42 % en el último trimestre.
«Los inversores particulares pueden constituir una fuerza poderosa cuando compran en masa, tal y como hemos visto en el mercado de valores estadounidense», afirma Ned Naylor-Leyland, gestor del fondo Jupiter Gold & Silver Fund.
Qué se puede esperar del oro en 2026
Aunque los expertos discrepan sobre la evolución de los precios a corto plazo, coinciden en general en que los factores estructurales que impulsan la subida del oro siguen intactos. Stephen Coltman, de 21Shares, considera que la estabilización de Oriente Medio podría eliminar un obstáculo temporal. «Si se alcanza un acuerdo con Irán y superamos la actual crisis de Oriente Medio, los precios del oro deberían retomar su anterior tendencia alcista y volver a situarse por encima de los 5.000 dólares la onza a finales de año», afirma.
Paradójicamente, una nueva escalada del conflicto podría, en un primer momento, lastrar los precios en lugar de respaldarlos. Es posible que los países afectados por el aumento de los costes energéticos se vean obligados a obtener liquidez mediante la venta de reservas, incluido el oro, tal y como han hecho Turquía y otras naciones importadoras de energía en anteriores periodos de tensión.
Según Peter Kinsella, para que el oro registre una nueva subida es necesario que se den dos condiciones: una reducción de la incertidumbre geopolítica y unas expectativas de tipos de interés a corto plazo más bajas. «Creemos que, para finales de año, cotizará al alza hasta alcanzar niveles de 5.500 dólares por onza», afirma.
Sin embargo, la perspectiva general va más allá de los próximos trimestres. Para los inversores, la pregunta clave es si las fuerzas que han impulsado las compras récord de los bancos centrales desde 2022 son temporales o si representan las primeras etapas de un cambio duradero en el orden monetario mundial.

