Puntos clave
- Las preocupaciones sobre la solidez fiscal de EE.UU. se han convertido en un nuevo catalizador de los precios del oro.
- Los bancos centrales siguen siendo un importante comprador estructural, mientras que la demanda física y los flujos de los ETFs de oro muestran signos de un repunte.
- Las acciones de las empresas mineras auríferas están obteniendo mejores resultados que el oro físico, ya que los precios del oro, que se sitúan cerca de máximos históricos, y la gestión rigurosa de los costes se están traduciendo en márgenes y flujos de caja mucho más sólidos.
El oro se ha recuperado. Tras registrar una fuerte caída desde su máximo histórico alcanzado en enero, este metal subió casi un 10% en agosto, superando brevemente los 4.700 USD por onza. Este repunte se ha visto impulsado por la debilidad del dólar, la incertidumbre geopolítica y las expectativas en materia de Política monetaria, pero también por una nueva preocupación: la sostenibilidad de la deuda pública estadounidense, otra opción muy popular como activo refugio.
El catalizador fue la decisión del Tesoro de EE.UU. de aumentar las compras de bonos gubernamentales a más largo plazo. El objetivo era reducir los rendimientos de los bonos gubernamentales estadounidenses a largo plazo, que se han disparado recientemente hasta alcanzar máximos que no se veían desde 2007. Esta medida provocó un descenso temporal de los rendimientos y debilitó el dólar, lo que reforzó la denominada “estrategia de devaluación”: la adquisición de activos escasos, como el oro—o incluso el bitcoin—, como cobertura frente al aumento de la deuda pública y a una posible debilidad de la moneda.
“La visión tradicional vincula el oro con la geopolítica, la inflación o la búsqueda de activos refugio”, afirma Diego Franzin, responsable de estrategias de cartera de Plenisfer Investments. “Sin embargo, en los últimos meses, el mercado se ha centrado cada vez más en la relación entre la deuda pública estadounidense, la gestión de la curva de rendimiento de los bonos del Tesoro y la evolución del dólar”.
A pesar del repunte registrado en agosto y de unos datos fundamentales más favorables, algunos analistas se muestran cautelosos respecto a las perspectivas.
El oro se mantiene aproximadamente un 18% por debajo de su máximo histórico registrado a finales de enero. Desde entonces, la disrupción de los mercados globales provocada por la guerra en Irán ha llevado a los inversores a liquidar sus posiciones en oro con el fin de disponer de margen para otras clases de activos que se encuentran bajo presión. El resultado ha sido una caída de más del 25% entre el máximo del oro registrado en enero y su mínimo de julio.
El tira y afloja entre el Tesoro y la Reserva Federal empuja al oro en dos direcciones
Imaru Casanova, Gestor de Cartera de oro y metales preciosos en VanEck, califica el plan de recompra de bonos del Tesoro como el “más reciente catalizador” para el oro. El índice del dólar cayó alrededor de un 0,9% en la semana posterior al anuncio, mientras que el oro subió más de un 5%.
Sin embargo, la política fiscal se enfrenta a un poderoso contrapeso: la Reserva Federal. En el Simposio Económico de Jackson Hole organizado por la Fed, el presidente Kevin Warsh hizo hincapié en el control de la inflación y la independencia del banco central. Los mercados interpretaron sus comentarios como de tono “halcón” —a favor de una política monetaria más restrictiva—, lo que provocó una subida del dólar y de los rendimientos reales, y una caída del oro.
“Este movimiento no invalida los argumentos estructurales a favor del oro, pero pone de manifiesto que es poco probable que la trayectoria sea lineal”, afirma Franzin. “Si los inversores siguen percibiendo a la Reserva Federal como una institución comprometida con la estabilidad de los precios y con su independencia”, añade, “el dólar encontrará apoyo y el oro podría atravesar períodos de consolidación”.
A medida que los mercados comenzaron a realizar la fijación de precios para una mayor probabilidad de que se produzca una subida de los tipos de interés en septiembre, el oro retrocedió esta semana, registrando una caída de casi un 7% al cierre del miércoles.
Las compras de los bancos centrales y las entradas de capital en los ETFs respaldan el oro
Si bien la compra de oro motivada por las preocupaciones fiscales de EE.UU. constituye un nuevo factor que influye en los precios, la demanda de oro por parte de los bancos centrales no es algo nuevo. Según el Consejo Mundial del Oro (WGC), los bancos centrales adquirieron 289 toneladas de oro en el segundo trimestre, lo que supone un aumento del 62% con respecto al año anterior. China siguió acumulando reservas, mientras que Polonia fue el mayor comprador. El WGC afirma que los bancos centrales tienen la intención de seguir comprando durante los próximos 12 meses.
Al mismo tiempo, se ha producido un cambio de tendencia en la demanda de inversión: según Morningstar Data, los flujos de los ETF de oro a nivel mundial pasaron de un segundo trimestre sin variaciones a unas entradas netas de unos 2.000 millones USD en julio.
La demanda física también está ejerciendo un efecto de apoyo. Franzin, de Plenisfer, destaca las fuertes importaciones chinas y los continuos esfuerzos de las autoridades por desarrollar infraestructuras que faciliten la acumulación de oro dentro del sistema financiero.
¿Podrá el oro volver a superar los 5.000 USD?
Según los y las analistas, si los gobiernos siguen registrando déficits elevados y si los responsables de la política monetaria reducen aún más los costes de financiación, el oro se convierte en una cobertura cada vez más atractiva.
Mark Haefele, director de inversiones de UBS Gestión Patrimonial, sostiene que el aumento de la carga de la deuda y la incertidumbre sobre cómo la financiarán los gobiernos deberían seguir favoreciendo a los metales preciosos. Prevé que el oro alcance los 5.400 USD por onza en los próximos 12 meses.
Casanova, de VanEck, también se muestra optimista, aunque con mayor cautela. Destaca una combinación de compras continuadas por parte de los bancos centrales, el predominio de la política fiscal, un posicionamiento relativamente bajo en Occidente y la evolución de la postura de política monetaria de la Reserva Federal. Según ella, el consenso entre los analistas de mercado apunta, en general, a que los precios medios del oro se mantendrán por encima de los 4.000 USD a medio plazo. No obstante, subraya que este escenario es “condicional, más que seguro”.
Un dólar más débil y unos rendimientos reales a la baja darían al oro más margen de subida. Una Reserva Federal con una postura restrictiva y un nuevo fortalecimiento del dólar tendrían el efecto contrario.
El repunte del oro impulsa las acciones de las empresas mineras
La mayor subida en el repunte del oro la han registrado las acciones de las empresas mineras. El índice Morningstar Global Gold—que mide el rendimiento de empresas de todo el mundo dedicadas a actividades relacionadas con el oro, como la Exploración, la explotación minera, el procesamiento, la extracción y la fundición— subió un 31,8% en agosto, frente al 9,7% del oro al contado.
La razón es el apalancamiento operativo. “Las acciones de las empresas mineras auríferas se comportan como una inversión operativa apalancada sobre el precio del oro, no como un indicador del mismo”, afirma Casanova. Los ingresos de una empresa minera aumentan con los precios del oro, mientras que los costes son más rígidos. La mano de obra representa aproximadamente entre el 35% y el 50% de los costes totales de mantenimiento, y el combustible y la energía, otro 15% a 20%. “Cuando el oro sube más rápido que los costes, los márgenes se amplían de forma desproporcionada”, añade.
Según Nicolò Bragazza, gestor de carteras de Morningstar Wealth, los productores de oro se están beneficiando actualmente tanto de unos precios récord como de una gestión rigurosa de los costes.
Ese apalancamiento conlleva una contrapartida. El oro físico ofrece la exposición más pura al metal, mientras que las empresas mineras añaden riesgos operativos y específicos de cada empresa —por eso suelen ser más volátiles—, pero también el potencial de obtener dividendos y una mayor rentabilidad.
“Si el objetivo es una expresión pura de la confianza en el oro, entonces es preferible la inversión directa en oro”, afirma Bragazza, de Morningstar. “Sin embargo, los inversores que busquen ingresos quizá prefieran las empresas productoras, que pueden repartir dividendos al tiempo que mantienen una fuerte exposición a la materia prima subyacente”.

