¿Es el bitcoin un valor refugio o un activo de riesgo?

Con el repunte de la criptomoneda a raíz de la guerra con Irán, el bitcoin sigue oscilando entre comportarse como un valor refugio y como un activo de riesgo.

Ilustración en forma de collage en tonos cobre con un Bitcoin en el centro, rodeado de flechas que apuntan hacia arriba y hacia abajo.

Puntos clave

  • El bitcoin ha subido un 17% desde el inicio del conflicto en Irán, rompiendo la correlación con las acciones tecnológicas observada el año pasado y superando al oro.
  • La correlación de las criptomonedas con la renta variable es inestable y aumenta en períodos de tensión en los mercados, lo que socava su argumento a favor de la diversificación.
  • A falta de un modelo de valoración claro, el bitcoin sigue dependiendo de la liquidez, los flujos y las cambiantes percepciones del mercado.

El bitcoin sufre una crisis de identidad en lo que respecta a la asignación de activos.

Durante muchos años, el bitcoin se consideró un útil instrumento de diversificación de carteras en épocas de turbulencias, en parte gracias a su historia como activo marginal. Posteriormente, durante un tiempo entre 2022 y 2025, el bitcoin cotizó casi al unísono con las acciones tecnológicas, lo que lo convirtió en un «activo de riesgo», según la jerga de Wall Street. Sin embargo, cuando estalló la guerra con Irán, el bitcoin se disparó, incluso mientras los inversores se deshacían de sus acciones y de su oro.

A lo largo de su historia, el bitcoin se ha descrito en diversas ocasiones como una alternativa digital al oro, una protección contra la inflación, un instrumento de diversificación y un indicador de liquidez.

Para algunos observadores, el repunte del bitcoin tras el inicio de la guerra en Irán había reforzado una vez más su papel como valor refugio. Sin embargo, el bitcoin siguió subiendo incluso cuando los inversores consideraron que la guerra se encaminaba hacia una resolución y volvieron a invertir en activos de riesgo, como las acciones.

El último episodio también sugiere que el bitcoin sigue buscando su identidad: ¿es un valor refugio, un activo de riesgo o algo completamente distinto?

El enigma de la correlación del bitcoin

Los datos recientes ponen de manifiesto lo inestable que ha sido la relación del bitcoin con los activos tradicionales. Un concepto clave en este contexto es la correlación,, es decir, la medida en que los valores se mueven en direcciones similares o diferentes. Una correlación de 1 significa que las inversiones siempre se mueven en la misma dirección, mientras que una correlación de -1 significa que las inversiones siempre se mueven en la dirección opuesta. Un coeficiente de 0 indica que no existe correlación entre ambas inversiones.

La correlación del bitcoin con los mercados bursátiles mundiales se ha mantenido en torno a 0,50 en lo que va de 2026, un valor muy superior a los niveles habituales anteriores a 2020 —cuando solía acercarse a cero— y también muy por encima de la cifra registrada en 2023, que se situó en 0,11.

Esto sugiere una creciente vinculación con los riesgos generales del mercado. Sin embargo, dicha relación dista mucho de ser constante.

«Si se utilizan datos semanales en horizontes temporales de varios años, la correlación con los activos tradicionales se sitúa en torno al 20 % o por debajo», afirma Dovile Silenskyte, directora de investigación de activos digitales en WisdomTree, empresa que comercializa fondos cotizados basados en criptomonedas. Sin embargo, esta correlación se rompe en períodos de tensión. «En el día a día, el bitcoin puede moverse, y de hecho lo hace, en línea con los activos de riesgo cuando la liquidez se reduce. Eso no es un fallo de la diversificación, sino un reflejo de cómo la liquidez global domina todos los activos a corto plazo», afirma.

Por ejemplo, a principios de abril del año pasado, el bitcoin sufrió una fuerte caída tras el anuncio de aranceles del presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, y perdió un 12 % en una semana. La caída coincidió con una venta masiva similar en las acciones estadounidenses, especialmente en las tecnológicas, ya que los inversores se retiraron rápidamente tanto de la renta variable como del bitcoin en una huida global hacia activos refugio. El mismo patrón se repitió entre finales de 2021 y a lo largo de 2022, cuando la Reserva Federal subió los tipos de interés y comenzó la guerra en Ucrania.

Sin embargo, aunque el bitcoin se haya correlacionado con las acciones tecnológicas en períodos anteriores de incertidumbre en los mercados, eso no significa que dicha correlación sea estable. Tal y como muestra un estudio publicado por el Dr. Mark Shore, director y economista de CME Group, la correlación móvil de 60 días entre el bitcoin y el Nasdaq-100 osciló entre -0,5 y 0,8 entre enero de 2014 y abril de 2025, «manteniendo en general un rango de correlación más alto, de 0,0 a 0,6, durante los últimos cinco años». El estudio también señaló que el bitcoin puede parecer no correlacionado en horizontes temporales más largos, pero cuando la liquidez se reduce y la volatilidad aumenta, ha tendido a moverse en paralelo con la renta variable, al menos a corto plazo.

¿Sigue siendo el bitcoin una buena opción para diversificar una cartera?

Para los inversores, esto plantea la posibilidad de que las ventajas de diversificación que a menudo se atribuyen al bitcoin puedan resultar menos fiables precisamente cuando más se necesitan.

A medida que el bitcoin y otras criptomonedas se generalizan, su valor como instrumentos de diversificación de carteras va disminuyendo. «Aunque las correlaciones con la mayoría de las demás clases de activos principales se han mantenido bajas en términos absolutos, han mostrado una tendencia al alza constante en los últimos años. En consecuencia, no hay garantía de que la incorporación de criptomonedas mejore la rentabilidad ajustada al riesgo de una cartera, especialmente en la misma medida que lo hacía en el pasado», escribió Amy C. Arnott, estratega de carteras de Morningstar.

Stephen Coltman, director de macroeconomía de 21Shares, afirma que, en un entorno de aversión total al riesgo —es decir, en momentos en los que los inversores se lanzan en masa únicamente hacia los activos más seguros—, es poco probable que el bitcoin se libre de ello.

Por otra parte, señala que, en términos generales, el mercado de las criptomonedas se encuentra ahora en una situación más sólida que antes de la caída del otoño pasado —en la que el bitcoin se desplomó un 30 %—, con un menor apalancamiento y una creciente participación institucional.

Por qué el bitcoin tampoco es un activo defensivo

«El argumento de la “cobertura de cartera” no se sostiene», afirma Silenskyte, de WisdomTree. «El bitcoin no es un activo defensivo y no debería posicionarse como tal».

Silenskyte afirma que, con asignaciones reducidas, el bitcoin puede mejorar la eficiencia de la cartera a largo plazo. «Históricamente, incluso una asignación del 1-2 %, más o menos neutra en términos de capitalización bursátil, ha mejorado la rentabilidad ajustada al riesgo», afirma.

Sin embargo, «la ventaja radica en la dispersión de la rentabilidad, no en la protección frente a las caídas. Los inversores que esperen que el bitcoin amortigüe las caídas se llevarán una decepción», añade el director de investigación de activos digitales de WisdomTree.

André Dragosch, director de investigación para Europa de Bitwise, empresa especializada en la comercialización de ETF de criptomonedas, afirma que, si bien el bitcoin es «inferior» como cobertura frente al S&P 500, «constituye una cobertura superior frente a los riesgos de caída de los bonos del Tesoro estadounidense a 10 años».

«Así pues, en este sentido, el bitcoin puede actuar como un seguro de cartera, no frente a los riesgos de las acciones, sino frente a los riesgos de los bonos», afirma.

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