Los mercados financieros no solo se rigen por cifras frías y calculadas y por cálculos racionales. Décadas de investigación en finanzas conductuales han revelado que la psicología humana desempeña un papel crucial en el comportamiento de los mercados. Las finanzas conductuales examinan cómo las emociones, los sesgos cognitivos y las influencias sociales afectan a las decisiones de los inversores, lo que a menudo conduce a resultados que la teoría financiera tradicional no puede explicar.
Entre las muchas fuerzas psicológicas que entran en juego, el miedo a perderse algo, o FOMO (por sus siglas en inglés), ese sentimiento de ansiedad que nos invade cuando vemos que otros se benefician de una oportunidad de inversión y nos preocupa quedarnos atrás, se ha convertido en un motor especialmente poderoso del comportamiento del mercado. En los mercados financieros, el FOMO puede desencadenar oleadas especulativas, alimentar el comportamiento gregario y contribuir a la volatilidad de los ciclos del mercado. Piense en el frenesí bursátil de GameStop, las subidas meteóricas del bitcoin o cualquier burbuja de mercado en la que los inversores se acumulan por miedo a perderse la próxima gran oportunidad.
Aunque la influencia del FOMO se ha reconocido ampliamente de forma anecdótica, medirla de forma sistemática en los mercados mundiales ha seguido siendo un reto, hasta ahora.
Presentamos el Índice Global FOMO
Yosef Bonaparte, autor del estudio de mayo de 2025 «Global FOMO: The Pulse of Financial Markets Worldwide» (FOMO global: el pulso de los mercados financieros mundiales), presentó el Índice FOMO Global, una forma novedosa de cuantificar esta fuerza psicológica utilizando datos de las búsquedas en Google.
El índice realiza un seguimiento de seis términos de búsqueda clave desde 2004 hasta 2024:
- «FOMO»
- «Comprar acciones»
- «Hágase rico rápidamente»
- «Se lo perdió»
- «Tendencias actuales»
- «Precio del bitcoin»
Cada término captura una faceta diferente del comportamiento impulsado por el FOMO, desde la ansiedad explícita por perderse algo hasta la intención tangible de lanzarse a los mercados. Al combinar los datos mensuales de Google Trends para estos términos, Bonaparte creó una medida compuesta que refleja el pulso del sentimiento global de los inversores.
El índice reveló una clara tendencia al alza durante dos décadas, con picos espectaculares en 2018 y 2021, coincidiendo con el alcance de los 20 000 y 69 000 dólares por parte del bitcoin, respectivamente. El índice alcanzó un nuevo máximo en 2025 tras la reelección del presidente Donald Trump y el aumento del bitcoin por encima de los 100 000 dólares, lo que demuestra cómo los acontecimientos políticos y los hitos de las criptomonedas amplifican el interés especulativo.
Quizás lo más llamativo sea la persistencia estadísticamente significativa del índice: con un coeficiente de correlación serial de 0,991 (t-stat de 68), el sentimiento FOMO es muy predecible y estable a lo largo del tiempo, lo que lo convierte en una métrica fiable para comprender la dinámica del mercado.
El impacto del FOMO en los mercados
La investigación revela tres relaciones significativas entre el FOMO elevado y los resultados del mercado:
1. Menores rentabilidades
Contrariamente a lo que cabría esperar, los periodos de mayor FOMO se asocian con menores rentabilidades bursátiles, concretamente, con una caída del 1,7 % al 2 %. Esto sugiere que, cuando el entusiasmo colectivo alcanza su punto álgido, la fiesta ya ha terminado.
2. Volatilidad reducida
El aumento del FOMO se correlaciona con una disminución de la volatilidad del mercado de aproximadamente un 2%. Este hallazgo contrario a la intuición sugiere que cuando los inversores convergen en su comportamiento impulsado por el sentimiento —respondiendo todos a señales e información similares— los mercados se vuelven menos inciertos a corto plazo. La multitud se mueve al unísono, creando una estabilidad temporal.
3. Rentabilidades ajustadas al riesgo más débiles
El hallazgo más preocupante para los inversores es que los periodos de alto FOMO se asocian con una disminución del 4 % en los ratios de Sharpe (que miden la rentabilidad ajustada al riesgo). Los mercados se vuelven menos eficientes cuando el FOMO toma el control.
El factor democracia
Uno de los descubrimientos más interesantes de la investigación es que el impacto del FOMO no es uniforme en todos los países, sino que es significativamente más fuerte en las naciones democráticas.
Utilizando las puntuaciones de democracia de Economist Intelligence Unit, Bonaparte descubrió que la relación entre el FOMO y los resultados del mercado se amplifica en los países más democráticos. ¿Por qué? En las democracias, el comportamiento de los inversores parece responder más a los sentimientos colectivos, las narrativas en línea y las historias impulsadas por los medios de comunicación. El libre flujo de información y la influencia social que caracterizan a las sociedades democráticas pueden hacer que los inversores sean más susceptibles a tomar decisiones impulsadas por el FOMO.
Este hallazgo pone de relieve una importante dimensión política de la psicología del mercado: el entorno institucional en el que operan los inversores determina cómo se traduce el sentimiento en los resultados del mercado.
Sus hallazgos llevaron a Bonaparte a concluir que «un mayor FOMO predice menores rentabilidades, menor volatilidad y ratios de Sharpe más débiles, con un efecto más pronunciado en los países democráticos».
Puntos clave para los inversores
¿Qué deben aprender los inversores de esta investigación? Estas son las implicaciones prácticas:
1) Reconozca el FOMO como un indicador contrario
Si siente una necesidad imperiosa de lanzarse a una inversión prometedora porque «todo el mundo está ganando dinero», dé un paso atrás. Las investigaciones sugieren que el pico del FOMO suele indicar menores rentabilidades futuras y un rendimiento ajustado al riesgo deficiente. Su ansiedad por perderse algo puede estar protegiéndole de comprar en el momento álgido.
2) Cuestione al rebaño
La reducción de la volatilidad durante los periodos de alto FOMO crea una ilusión de estabilidad. El hecho de que los mercados parezcan tranquilos y todo el mundo se mueva en la misma dirección no significa que sea seguro. Esta convergencia de comportamientos puede ocultar riesgos subyacentes y llevar a la complacencia.
3) Céntrese en la rentabilidad ajustada al riesgo
La disminución de los índices de Sharpe durante los periodos de FOMO es una clara advertencia: perseguir la emoción a menudo significa aceptar rentabilidades bajas en relación con los riesgos que se asumen. Cíñase a estrategias de inversión disciplinadas que den prioridad al rendimiento ajustado al riesgo a largo plazo frente a la especulación impulsada por el miedo.
4) Sea consciente de su entorno
Si invierte en países democráticos con una alta saturación mediática y una gran influencia de las redes sociales, tenga en cuenta que puede ser más vulnerable a cometer errores impulsados por el sentimiento. La misma apertura que hace que estas sociedades sean dinámicas puede amplificar los sesgos psicológicos en la toma de decisiones financieras.
5) Utilice el FOMO como herramienta, no como guía
El Índice Global FOMO puede servir como un valioso indicador del estado de ánimo, un medidor de cuándo las emociones colectivas se están caldeando demasiado. En lugar de seguir el FOMO, los inversores inteligentes podrían utilizarlo para identificar períodos de optimismo excesivo que requieren cautela.
Psicología, tecnología y política
Esta investigación contribuye a nuestra creciente comprensión de cómo la psicología, la tecnología y la política se entrecruzan en los mercados financieros modernos. El Índice Global FOMO demuestra que las fuerzas conductuales pueden medirse, rastrearse y comprenderse de manera sistemática, y no simplemente descartarse como ruido irracional.
A medida que los medios digitales continúan acelerando los flujos de información y amplificando las influencias sociales, comprender el comportamiento impulsado por los sentimientos se vuelve cada vez más crítico. FOMO no es solo una palabra de moda de la generación millennial; es una fuerza psicológica medible con consecuencias financieras reales.
La próxima vez que sienta esa ansiedad persistente por una oportunidad de inversión atractiva, recuerde que el FOMO podría ser precisamente lo que le ayude a evitar una mala decisión de inversión. En los mercados, al igual que en la vida, a veces la mejor jugada es la que no se hace.

