Puntos clave
- Tras el cambio de marca de Meta, las gestoras de activos se apresuraron a lanzar productos al mercado, pero la mayoría de los fondos dedicados al metaverso han cerrado desde entonces o han modificado sustancialmente su estrategia.
- Tal y como se promocionó ante los inversores, el metaverso no logró atraer a un número significativo de usuarios ni establecer un modelo comercial convincente.
- Además, las carteras expuestas al metaverso resultaban difíciles de distinguir de los fondos tecnológicos generales.
Cuando la empresa que antes se conocía como Facebook apostó fuerte por el metaverso allá por 2021, las gestoras de fondos se apresuraron a lanzar fondos para sacar partido de esta nueva tendencia tecnológica. Sin embargo, pocos de esos fondos sobrevivieron el tiempo suficiente para ver cómo Meta Platforms (META) abandonaba su estrategia de metaverso, que en su día prometía una economía digital inmersiva que se esperaba que alcanzara una enorme escala en el plazo de una década.
Este mes, Meta Platforms anunció que cerrará Horizon Worlds, su plataforma insignia de realidad virtual social, y que centrará sus esfuerzos en la inteligencia artificial, poniendo así punto final a lo que ha resultado ser una costosa aventura fallida. Desde entonces, la mayoría de los fondos dedicados al metaverso han cerrado o han modificado sustancialmente su estrategia.
Por qué las inversiones en el metaverso no han generado rentabilidad
Aunque nadie puede predecir cómo evolucionarán las tecnologías, había indicios claros de que era poco probable que el metaverso cumpliera las expectativas de rentabilidad de la inversión.
Invertir en un tema supone, en la práctica, una apuesta que consta de tres partes: identificar el tema adecuado, seleccionar la exposición adecuada y entrar en el momento oportuno. En el caso del metaverso, el problema fundamental era el propio tema. Tal y como se promocionó entre los inversores, el metaverso no logró atraer a un número significativo de usuarios ni establecer un modelo comercial convincente. Las señales de alerta se hicieron evidentes desde el principio.
Un tema de inversión sólido debe estar claramente definido, tener una base comercial y resolver un problema concreto del mundo real. El metaverso falló en estos tres aspectos.
¿Son los fondos temáticos simplemente fondos tecnológicos encubiertos?
No existía un consenso claro sobre qué constituía una «empresa del metaverso», lo que se reflejaba en el escaso solapamiento entre las posiciones de los fondos. Incluso entre los productos que han sobrevivido, el solapamiento sigue siendo limitado: los ETF del metaverso de L&G e iShares, por ejemplo, comparten solo alrededor del 30 % de sus posiciones.
En muchos casos, resultaba difícil distinguir estas carteras de los fondos tecnológicos generales. Si el sector no logra ponerse de acuerdo sobre el universo de inversión, el tema carece de integridad estructural.
Desde el punto de vista comercial, la propuesta era muy ambiciosa, pero adolecía de una escasa monetización. Los costes de hardware seguían siendo elevados, mientras que otros canales de ingresos no lograron crecer, ya que la demanda no se materializó. Para la mayoría de los usuarios, seguía sin estar claro qué problema resolvían los mundos virtuales inmersivos mejor que las tecnologías existentes.
ETF temáticos: el momento oportuno, el bombo publicitario y el riesgo para los inversores
El episodio también pone de relieve un problema estructural más amplio. Para cuando un tema resulta identificable, susceptible de inversión y se integra en un fondo, a menudo ya se ha descontado una parte significativa de su crecimiento. Al mismo tiempo, los proveedores se ven presionados a lanzarse pronto al mercado para aprovechar la ventaja de ser los primeros en llegar, lo que aumenta el riesgo de que surjan productos prematuros y especulativos.
El metaverso sigue este patrón. Tras el cambio de marca de Meta, las gestoras de activos se apresuraron a lanzar productos al mercado —solo en 2021 y 2022 se lanzaron 56 nuevos fondos a nivel mundial—, posicionándose de hecho para una ola de adopción que nunca llegó.
Explicación del cambio de Meta del metaverso a la IA
Sin embargo, el metaverso no ha desaparecido, simplemente no ha logrado consolidarse como un tema independiente.
Muchas de las tecnologías subyacentes, desde el hardware de realidad virtual hasta la infraestructura digital, siguen siendo relevantes. Sin embargo, su éxito comercial se ha producido en otros ámbitos, especialmente en áreas relacionadas con la inteligencia artificial.
Esto genera una paradoja. Algunas acciones —e incluso fondos— relacionadas con el «metaverso» han obtenido buenos resultados, no por la adopción del metaverso, sino porque, en la práctica, servían como indicadores de la exposición general al sector tecnológico y a la inteligencia artificial. El ETF L&G Metaverse, por ejemplo, ha superado al mercado tecnológico en general, una vez descontadas las comisiones, en un 79 % desde su lanzamiento a finales de 2022.
La propia Meta Platforms es un buen ejemplo de ello. A pesar de los resultados decepcionantes en el ámbito de la realidad virtual, ha sido uno de los principales motores de la rentabilidad de los mercados bursátiles mundiales desde 2022, lo que refleja su posición dentro del ecosistema de la inteligencia artificial más que su costosa apuesta por el metaverso.
Esa desconexión es reveladora. Si la rentabilidad de una cartera temática no guarda una relación significativa con la evolución del tema que la define, el argumento de inversión es fundamentalmente débil.
¿ETFs del metaverso o simplemente otra apuesta tecnológica?
El episodio del metaverso nos recuerda, en definitiva, que las narrativas atractivas no se traducen necesariamente en temas en los que merezca la pena invertir. Cuanto más se aleja un concepto de los flujos de caja observables, mayor es el riesgo de que se base en la narrativa más que en los fundamentos.
La inversión temática puede resultar muy eficaz, pero solo cuando el tema en cuestión está claramente definido, tiene una base comercial sólida y resuelve un problema concreto del mundo real.

