Perspectivas de inflación en la zona euro: ¿Obligará el precio más alto de la energía a subir tipos al BCE?

Los economistas prevén que la inflación se mantenga elevada debido al aumento de los precios de la energía, lo que hace cada vez más probable una subida de los tipos de interés por parte del BCE en septiembre.

Puntos clave

  • Se prevé que la inflación de la zona del euro se mantenga sin cambios en julio, mientras que es probable que la inflación subyacente registre un ligero repunte.
  • Los economistas y las economistas aprecian pocos indicios de efectos de segunda ronda derivados de la elevada inflación energética, ya que la evolución de los salarios y los servicios sigue estando contenida.
  • Se prevé que el Banco Central Europeo suba los tipos de interés en 0,25 puntos porcentuales en septiembre.

Se prevé que los datos preliminares, que se publicarán el 31 de julio, muestren que los precios al consumo de la zona del euro se situaron un 2,8% por encima de los del año anterior, según las estimaciones consensuadas de FactSet. Esta cifra se mantiene sin cambios respecto a la lectura definitiva de la inflación de junio, que fue del 2,8%, y se sitúa por encima del objetivo de inflación a medio plazo del Banco Central Europeo, fijado en el 2%.

Se prevé que la inflación subyacente, que excluye componentes volátiles como los precios de la energía y los alimentos, haya aumentado un 2,5% interanual en julio, frente al 2,4% registrado en junio.

“El modesto aumento de la inflación subyacente no supone, desde luego, el fin del mundo, y es probable que los inversores no le den mayor importancia”, afirma Michael Field, estratega jefe de mercados europeos de Morningstar. “Pero, al mismo tiempo, supone un paso en la dirección equivocada”.

Algunos economistas incluso prevén una moderación de la inflación. El economista jefe de Deka, Ulrich Kater, espera que la inflación general baje ligeramente hasta el 2,7%, citando efectos de base favorables —comparaciones con el año pasado— tanto en los precios de la energía como en los de los alimentos, mientras que prevé que la inflación subyacente se mantenga sin cambios en el 2,4%. Espera que una mayor inflación de los bienes industriales compense una inflación ligeramente más débil en el sector de los servicios.

“Las perspectivas de inflación en la zona del euro se encuentran en una encrucijada entre fuerzas opuestas”, afirman losanalistas de Goldman Sachs. “Por un lado, los últimos datos de inflación han sido más débiles tanto en Europa como a nivel mundial, y los índices de precios han comenzado a moderarse. Por otro lado, la reanudación del conflicto militar en Oriente Medio y las interrupciones en las refinerías rusas han provocado fuertes subidas en los precios del crudo, los derivados del petróleo y el gas natural”.

Aún no hay indicios de efectos de segunda ronda

El aumento de los precios de la energía suele repercutir de forma gradual en los costes de producción, en la inflación general y, en última instancia, en el crecimiento salarial a través de efectos de segunda ronda. Estos efectos se producen cuando las empresas trasladan el aumento de los costes a los consumidores, quienes, a su vez, exigen salarios más altos para compensar el incremento de los precios. Por el momento, los economistas ven pocos indicios de que este ciclo haya comenzado.

Goldman Sachs afirma que los efectos directos de la crisis energética fueron inicialmente muy intensos en marzo, mientras que los efectos indirectos se fueron acumulando a partir de abril, para luego remitir en junio. “No se observaron indicios convincentes de efectos de segunda ronda en ningún momento”, señalan losanalistas.

Según Deutsche Bank Research, el BCE está cada vez más preocupado por la posibilidad de que la crisis energética se extienda a otros sectores de la economía; sin embargo, los últimos datos sobre la inflación indican que, hasta la fecha, este proceso ha sido limitado. La inflación en el sector de los servicios se moderó en junio, al tiempo que los indicadores subyacentes de la inflación también se suavizaron, lo que debilita la hipótesis de que se estén afianzando presiones generalizadas sobre los precios, según señalan los analistas.

¿Cuáles son las perspectivas de inflación para 2026?

La mayoría de los economistas y las economistas prevén que la inflación se mantenga por encima del objetivo del 2% del BCE durante gran parte de 2026, antes de ir disminuyendo gradualmente a medida que se atenúen las presiones sobre los precios relacionadas con la energía, y que la evolución dependa en gran medida de la intensidad con la que el aumento de los costes energéticos se traslade a los consumidores y a los salarios.

Los precios de la energía siguen siendo la principal fuente de incertidumbre, ya que la evolución de la inflación a corto plazo es muy sensible a la evolución de los precios del petróleo y del gas. El recrudecimiento de las tensiones en Oriente Medio hizo que el crudo Brent superara brevemente los 100 USD por barril y que los precios del gas natural en Europa alcanzaran sus niveles más altos desde marzo, aunque desde entonces los precios han retrocedido ante las esperanzas de que se reanuden las conversaciones diplomáticas.

La economista de AllianceBernstein, Sandra Rhouma, prevé que la inflación vuelva a situarse por encima del 3% en los próximos meses, a medida que el aumento de los precios del petróleo y el gas se traslade a los consumidores. No obstante, señala que el crecimiento salarial sigue ralentizándose y que siguen sin producirse efectos de segunda ronda, lo que limita la necesidad de un ciclo de endurecimiento prolongado. “Una subida de los tipos de interés en septiembre no sería tanto una respuesta a una inflación que ya se está descontrolando como una medida preventiva para evitar que surjan efectos de segunda ronda”, afirma.

Los analistas de Deutsche Bank Research también señalan que los riesgos para las perspectivas de inflación están “claramente sesgados al alza” debido al aumento de los precios del petróleo y el gas, aunque consideran que hay pocos indicios de que la crisis energética se haya extendido al resto de la economía. La inflación de los servicios en junio se moderó, la inflación subyacente de los bienes se atenuó y los indicadores más amplios de la inflación subyacente han seguido moderándose, lo que sugiere que el temido efecto de transmisión se ha mantenido, hasta ahora, limitado.

¿Subirá el BCE los tipos de interés en septiembre?

La actividad en los mercados de derivados ya apunta a que una nueva subida de un cuarto de punto es el resultado más probable, después de que el banco central mantuviera los tipos de interés sin cambios en julio.

“Los datos de inflación de esta semana podrían ser decisivos para confirmar la subida”, afirma Enrique Díaz-Álvarez, economista jefe de Ebury. Según él, los datos económicos más sólidos, el aumento de los precios de la energía y el tono más firme de la presidenta Christine Lagarde ya han llevado a los mercados a descontar una probabilidad de aproximadamente el 80% de que se produzca una subida en septiembre.

El economista jefe de ING, Carsten Brzeski, afirma que Lagarde adoptó un tono claramente más restrictivo en la reunión de julio, en la que destacó los riesgos al alza para la inflación, al tiempo que subrayó que “todavía no se han producido efectos de segunda ronda derivados del aumento de la inflación general”. En su opinión, “la cuestión es qué podría impedir que el BCE suba los tipos en septiembre, más que qué podría llevar al BCE a subirlos”.

Sin embargo, no todo el mundo está convencido de que sea inevitable una nueva subida.

El economista jefe de Berenberg, Felix Schmidt, sostiene que la próxima decisión dependerá en gran medida de la evolución de los mercados energéticos en las próximas semanas. Si los precios del petróleo retroceden, el BCE podría mantener los tipos sin cambios en septiembre. “La carga de la prueba recae en los datos”, afirma, ya que los responsables de la política monetaria dispondrán de dos informes adicionales sobre la inflación, las cifras del PIB del segundo trimestre y las previsiones actualizadas de los expertos del BCE antes de tomar su decisión.

Michael Field, de Morningstar, prevé que el BCE siga centrándose en los datos de inflación que se publiquen y, en particular, en si el aumento de los precios de la energía comienza a repercutir en los salarios y en los precios al consumo en general. Mientras los efectos de segunda ronda sigan siendo limitados, es poco probable que los responsables políticos se embarquen en un ciclo agresivo de subidas de tipos, incluso si otra subida en septiembre se convierte en el escenario principal.

“A pesar de que la inflación se sitúa muy por encima del nivel objetivo del Banco Central Europeo, hasta ahora los mercados no se han mostrado especialmente preocupados. El hecho de que los propios bancos no se hayan apresurado a subir los tipos de interés ha contribuido a ello, al igual que la creencia de que la guerra con Irán probablemente llegaría a su fin rápidamente y que el estrecho de Ormuz se reabriría en breve”, añade.

Sin embargo, a medida que el conflicto se prolonga y los efectos de segunda ronda de la inflación comienzan a hacerse sentir en el sistema, los inversores podrían verse obligados a revisar sus expectativas respecto a los tipos de interés y el crecimiento económico, afirma. “Con el tiempo, eso podría acabar lastrando los mercados”.

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